¿Quién no ha soñado, alguna vez, en desayunar rodeado de nieve, con los renos pastando tranquilamente junto a la cabaña, y al calor de un buen fuego? Pues bien, hoy os traigo el que probablemente sea uno de los dulces preferidos de Papá Nöel.
El reto
Reposteras por Europa nos lleva esta vez a Finlandia. Un destino cuanto menos, exótico. Y que levante la mano el que no haya soñado alguna vez viajar a la casa del
señor del saco vestido de rojo... porque yo sí.
Ha tocado hacer un arduo trabajo de investigación. Y los finlandeses han resultado ser bastante golosos. Yo me he decidido por esta receta aromática y dulce, versión de una receta danesa pero adaptada por ellos.
La Pulla es un pan dulce que puede tener diversas formas de moldeado. Yo me he decidido por la trenza porque resulta de lo más vistosa, y el sabor es increíble. Tanto, que para nuestros paladares puede resultar un poco difícil. Me encanta el cardamomo, y combinado con la canela es una mezcla explosiva, Sí, sí, como os lo digo.
Aguanta un par de días en buen estado, pero es el primer día cuando ofrece todas sus cualidades. Una delicia diferente y aromática. En cuanto al levado, dependerá de la temperatura ambiente. Lo normal es que haya crecido la masa en una hora, pero a mí me tardo dos, ya que el día era especialmente frío. En esta ocasión no os puedo dar tiempos...
¡Ah! y no hace falta que sea navidad para disfrutar de esta delicia.
Ingredientes (yo los he reducido para conseguir un rollo más pequeño):
-1 vaso de 150 ml de leche.
-1 vaso de 150 ml de azúcar.
-4 vasos de 150 ml de harina de fuerza.
-20 gr de levadura de panadero (algo menos de una pastilla)
-100 gr de mantequilla.
-1 yema de huevo.
-4 vainas de cardámomo.
Relleno:
-1/2 vaso de azúcar moreno.
-1 puñado de nueces.
-1 cucharada sopera de mantequilla.
-1 cucharadita de café de canela en polvo.
Ante todo, hay que procurar que todos los ingredientes estén a temperatura ambiente y la mantequilla en pomada (deshecha pero no derretida).
Llevaremos a ebullición la leche con el interior de las vainas de cardámomo. Dejamos infusionar unos minutos y colamos la leche.
Nota: si tenemos cardámomo en polvo, este paso no será necesario. Simplemente añadiremos el polvo a la leche y continuaremos con la receta.
Una vez templada (pero no fría) la leche, añadiremos la yema, el azúcar, la levadura y un par de cucharadas de harina. Dejamos reposar hasta que la mezcla espumee.
Una vez haya sucedido ésto, añadimos la mantequilla, mezclaremos bien y vamos añadiendo la harina gradualmente, sin dejar de amasar. Si es necesario añadimos un poco más, tiene que resultar una masa lisa que no se pegue a las manos. Colocamos en un bol y cubrimos con un paño,
Dejamos hasta que doble su volumen. Según la temperatura ambiente, esto puede tardar desde 1 hasta 3 horas.
Encendemos el horno a 190º.
Extendemos la masa, dejándola de un cm de grosor. Hacemos una masa con los ingredientes del relleno, y lo extendemos por la masa dejando un cm de borde por todos los lados. Enrollamos la masa y procedemos a cortar por la mitad el rollo a lo largo, dejando un pequeño punto de unión. Luego vamos trenzando los dos cabos, dejando la parte cortada hacia arriba. Una vez hecha la trenza, enroscamos a modo de corona uniendo los dos cabos. (Lo siento, no hice fotos del proceso, pero es muy muy sencillo).
Pintamos el roscón con la clara de huevo batida con un poco de leche. Dejamos reposar una hora, o hasta que vuelva a aumentar de tamaño. Yo no lo dejé reposar lo suficiente, hacía frío y le costó crecer. Un poco más de levado hubiera mejorado mi trenza sustancialmente.
Horneamos por espacio de 25-30 minutos, o hasta que haya tomado un precioso color dorado.
Dejamos templar y a disfrutar.